
En Japón los pisos con historial truculento se venden tirados de precio y atraen a nuevos compradores.
textoLo contaba hace unos días Xataka basándose en reportajes recientes sobre el mercado inmobiliario nipón. Resulta que las viviendas donde alguien ha muerto de forma violenta, un suicidio o una soledad extrema han pasado de ser un tabú insoportable a convertirse en el objetivo de compradores con presupuesto ajustado. A nosotros nos chirría bastante el giro comercial, pero allí se conocen como jiko bukken.
El catálogo de los pisos con pasado
El mercado ha evolucionado tanto que ya existen portales web dedicados exclusivamente a catalogar estos inmuebles. En páginas como Oshimaland se detallan los metros cuadrados, la ubicación y el motivo exacto por el que el piso ha ganado su fama siniestra. Los precios llegan a desplomarse entre un treinta y un cincuenta por ciento respecto a la media del barrio.
A muchos les da igual la tragedia previa con tal de firmar una hipoteca barata. Al fin y al cabo, un traspié administrativo o una mudanza forzosa pueden ser peores que compartir recibidor con un espectro silencioso. La pela es la pela, incluso en el plano metafísico.
Los nuevos inquilinos pragmáticos
Lejos de huir despavoridos, algunos nuevos propietarios deciden tomárselo con filosofía o directamente bromear con el asunto en redes sociales. Alquilar o comprar barato compensa el mal trago de saber que el anterior inquilino estiró la pata de mala manera.
Por supuesto, la explicación normal es bien sencilla: la crisis de vivienda en las grandes ciudades empuja a la gente a pasar por alto cualquier superstición con tal de tener cuatro paredes propias. A nosotros nos pones una rebaja del cincuenta por ciento en el alquiler y también nos lo pensaríamos dos veces antes de mirar debajo de la cama.
¿Vosotros viviríais en un piso barato sabiendo lo que pasó dentro?
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Fuente
— Fin del informe. Que cada cual saque sus conclusiones.
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