
Un Sanatorio a los pies del mote Moncayo, y la contundencia por bandera de los investigadores más potentes del misterio. Investigación realizada en 2019, pero que es estrenada para vuestro disfrute en 2020. Volvemos…
Agramonte. Una investigación intensa.
Nos dirigimos a las faldas del Moncayo para poner a prueba uno de los sitios más sonados del norte peninsular. A nosotros nos chirría bastante la facilidad con la que se cuelgan etiquetas de maldito a cualquier montón de ladrillos viejos, pero este tenía demasiados números en la rifa. En el año 2019 nos plantamos allí con nuestros bártulos dispuestos a comprobar si quedaba algo más que paredes caídas.
El sanatorio se levanta en la provincia de Zaragoza, muy cerca de los límites del Parque Natural del Moncayo. Las ruinas ocupan un terreno apartado donde el viento sopla con ganas y la cobertura del móvil desaparece antes de llegar al desvío. El aislamiento ya pone los pelos de punta antes de sacar la primera grabadora.
Un hotel que acabó en hospital
El complejo arrancó en los años veinte con la idea de ser un hotel de lujo para turistas con pasta. La Guerra Civil frenó el plan en seco y el uso del sitio dio un giro radical. Se convirtió en un sanatorio para enfermos de tuberculosis, aprovechando el aire supuestamente sano de la montaña.
Aquel trasiego de enfermos y personal médico duró hasta el cierre definitivo en 1978. Desde entonces, el edificio pasó por décadas de abandono total, pintadas de spray, robos de marcos de puertas y visitas de curiosos buscando sustos. Lo que queda hoy es un esqueleto de hormigón y ladrillo visto con el tejado hundido en varias zonas.
Ruidos y psicofonías en los pasillos
Las leyendas que corren por la zona hablan de lamentos en los pasillos vacíos y de sombras que cruzan los vanos de las ventanas. Durante nuestra estancia con los equipos de grabación registramos algunos golpes secos que no suenan a crujidos normales de madera vieja. Al menos, eso nos pareció en el momento.
Cualquier casa vieja con humedades cruje por los cambios de temperatura y el viento colándose por los huecos rotos. A nosotros nos gusta pensar que hay una explicación física antes de correr a llamar a un cura o a un médium. Aun así, los ruidos en plena noche dentro de un sitio así hacen que se te encoga el estómago.
Mucho cuidado con el suelo
Más allá de los fantasmas y las psicofonías, el verdadero peligro de Agramonte es la estructura. Los forjados están podridos, las escaleras no tienen barandilla y hay pozos sin tumba tapada en los alrededores. Las visitas por dentro se han cobrado más de un susto real en forma de torceduras y cortes con hierros oxidados.
La mejor opción si pasáis por la zona es ver el perímetro desde fuera y dejar que los tejados caigan en paz sin arriesgar el físico. Las historias seguirán ahí aunque el edificio termine por venirse abajo del todo.
¿Vosotros entraríais de noche en un sitio con riesgo de derrumbe solo por grabar un par de psicofonías?
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— Fin del informe. Que cada cual saque sus conclusiones.
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