← Archivo// Expediente nº 2026-006 · Paranormal

La niebla de La Mussara y el último susto de Borja

02 de noviembre de 2026

Volvimos a las ruinas de Tarragona para ver el eclipse y Borja acabó pidiendo tregua con una supuesta posesión.

El pueblo de las cuatro piedras caídas

La Mussara lleva despoblado desde los años cincuenta por la falta de agua y una tierra que no daba ni para hincar el diente. No hay maldiciones ancestrales detrás de su vaciado, sino puro éxodo rural y miseria de la de antes. A nosotros nos gusta este rincón de Tarragona porque fue el primer sitio donde montamos nuestro equipo de investigación. Empezamos con una cámara vieja y una grabadora de casete que pillaba más interferencias que psicofonías. Hoy llevamos material más caro, pero los nervios al subir la pista forestal siguen siendo exactamente los mismos.

La roca que te manda a Cuenca o al infierno

El mito de la zona gira alrededor de la llamada Piedra del Seis. Cuentan por allí que es un portal dimensional y que, como pises la roca equivocada, apareces en un sitio idéntico pero teñido de rojo o te desorientas para siempre. La realidad suele ser más aburrida y tiene nombre de niebla cerrada. Ese vapor blanco baja de golpe, te deja sin visibilidad a dos metros y lo confunde todo. Claro que también están los casos que no encajan tan fácil. En 1991, un hombre llamado Enrique Martínez desapareció en la zona mientras buscaba setas y todavía nadie sabe qué fue de él. A nosotros nos chirría bastante intentar culpar a los duendes de cada despiste con brújula.

El eclipse y el numerito de Borja

Nos pareció buena idea volver a subir coincidiendo con el eclipse de agosto de 2026. Le tenemos un cariño especial al lugar. Entre el frío de la madrugada y las Perseidas, la cosa se puso misteriosa de repente. Borja empezó a comportarse de forma extraña, ha hablar en un idioma ininteligible, con la mirada perdida, cristalina y hablando con una voz que no era la suya. Paco y otro de los componentes pensaron que le había sentado mal el bocadillo de atún o que simplemente le estaba dando un bajón de azúcar. La niebla apretaba y el ambiente invitaba a creerse cualquier cosa y a ingerir unos chuscos. Tras unos horas de nocturnidad bastante incómodas, recuperó el sentido sin acordarse de nada más allá de un malestar estomacal. ¿Fue una posesión energética por culpa del alineamiento de astros o le dio un chungo por el frío?

¿Vosotros habéis notado algo raro paseando con niebla por el monte?

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— Fin del informe. Que cada cual saque sus conclusiones.

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